En la actualidad se habla de forma habitual de ciudades sostenibles, ecológicas y eficientes, es un recurso ampliamente utilizado en discursos políticos. Está de moda. El concepto de sostenibilidad es un nuevo paradigma de desarrollo, es patente que existen límites físicos para ese desarrollo, que los recursos natulares disponibles son limitados.

El desarrollo urbano de las ciudades y la sostenibilidad tienen una relación que podríamos denominar comprometida. Algunos señalan que el urbanismo español se ha convertido en un gran problema medioambiental, siendo una de las causas de ello la propia concepción del modelo urbanístico en sí, sustentado en el crecimiento constante.

Las ciudades han de renovar sus estructuras funcionales para atender las necesidades sociales, económicas y ambientales actuales. Deben ajustar sus formas y funcionalidades para garantizar la máxima eficiencia del sistema urbano, es decir, articular los espacios urbanos reconociendo su complejidad, mejorar la habitabilidad del espacio público, mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y todo ello con un equilibrado consumo de recursos. Ello constituye una ecuación de solución difícil.

 

 

Existen indicadores de sostenibilidad de las ciudades relacionados con el consumo de recursos (materiales, agua, energía, etc), el acceso a la naturaleza y la ocupación del suelo, pero también hay otros indicadores que toman el pulso a la ciudad en si, a la sociedad que la habita:

  • Calidad del espacio público: La transformación del espacio público, limitado actualmente por las funciones del vehículo privado, es todo un reto. Es un personaje principal de la convivencia colectiva. ¿Qué cualidades debería tener? ¿Cuáles podrían ser las prioridades? Accesibilidad, seguridad y confort que inviten a un uso constante del mismo.
  • Movilidad y servicios: la sociedad demanda un modelo de movilidad funcional, para que el transporte público sea el sistema principal y no una alternativa al transporte privado. Además debe ser el punto de partida ante nuevos crecimientos urbanos y nueva implantación de servicios y no un problema a resolver a posteriori.
  • Reconocimiento de la complejidad urbana: la ciudad actual tiene una organización que se puede entender compleja, la tecnología del conocimiento tiene ahí un reto de mejora de la información (para optimizar recursos, crear patrones de proximidad entre vivienda, trabajo y servicios sociales y terciarios)
  • Cohesión social: la ciudad advierte los procesos de segregación social y los controla, fomenta la convivencia entre personas de diferente edad, profesión y cultura.

En el objetivo de garantizar un desarrollo sostenible de la ciudad, la componente social parece tener un papel clave, los ciudadanos hacen la ciudad y no al contrario.

Otra cuestión que siempre ha de estar presente en cualquier proceso de intervención urbana no es otra que la conservación de la identidad de la ciudad o del barrio en sí. La identidad aparece reflejada en diversos ámbitos: las relaciones laborales, los momentos de ocio y entretenimiento, las relaciones sociales entre los integrantes de la comunidad, el comercio local, la historia, el patrimonio, el turismo, el arte, etc. que dan forma al espacio urbano donde se desarrolla la vida social. Es un elemento diferenciador que aglutina tradiciones y genera recuerdos.

En definitiva, en la promoción y desarrollo sostenible de las ciudades se debe buscar una fórmula equilibrada entre las acciones dirigidas a preservar el medioambiente y las destinadas a potenciar el carácter humano e inclusivo de la ciudad, salvaguardando la identidad de la misma.

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